jueves, 25 de agosto de 2011

LECCION MAGISTRAL DEL PROFESOR FELIX PIÑERO


Descubrió la relación entre Doñana, Sanlúcar y la poesía de Góngora.

Ayer miércoles 24 de Agosto tuvo lugar la anunciada conferencia organizada por “Forum Libros” en el Palacio Ducal de Medina Sidonia, que ofreció la oportunidad de escuchar al profesor titular de Filología Griega de la Universidad Complutense de Madrid, Félix Piñero Torre en un tema apasionante titulado “Sanlúcar y Doñana en las Soledades de Góngora”. El conferenciante fue presentado por otro ilustre sanluqueño adoptivo, el académico de la Lengua y Catedrático de Filología Latina de la Universidad de Sevilla, Juan Gil Fernández.

Tras unas breves pero intensas palabras de presentación de Juan Alcón, promotor de esta actividad, el profesor Gil agradeció la hospitalidad de nuestra ciudad y se sumó con modestia a la lista de talentos y sabios que veranean en nuestra ciudad, que componían también, dijo, dos auténticas autoridades en lenguas clásicas, Máximo Brioso y Francisco Socas. Tras mostrar su admiración por el profesor Piñero y por la obra de Góngora, cedió con rapidez la palabra al conferenciante para no robarle, dijo, ni un instante de tiempo en su exposición.

El profesor Piñero deleitó a los más de cien asistentes con un hablar pausado, recitando pasajes de Góngora con una solemnidad y un gusto que hacía perfectamente entendible la mayor parte de los pasajes de tan difícil poeta barroco. Minuciosamente y con todo cariño y devoción, demostró la vinculación del gran poema de las “Soledades” tanto con la obra de fray Pedro de Beltrán, dominico residente en Sanlúcar que escribió el dilatado romance dedicado al duque de Medina Sidonia, “La Charidad Guzmana”, como con la propia Sanlúcar y el territorio del señorío ducal, aludiendo incluso a las ya conocidas “Ordenanzas ducales” de principios del siglo XVII. Fue todo un descubrimiento y un goce situar el misterioso lugar donde se desarrolla el poema gongorino en las Arenas Gordas de Doñana, en la Playa de Sanlúcar y los lugares monumentales de nuestro patrimonio histórico, entre los que se cuentan, claro está, tanto el Palacio Ducal y sus jardines (lugar preciso donde el profesor exponía sus interesantísimas conclusiones en una noche verdaderamente mágica) como el Castillo de Santiago, entre otros.

Aunque no esté demostrada la presencia del poeta Luis de Góngora en nuestra ciudad, si le han relacionado sus biógrafos con el octavo duque de Medina Sidonia, que fue quien le libró de la cárcel, al pagar sus numerosas deudas de juego. En agradecimiento, Góngora le dedicó su “Polifemo”, pero es perfectamente posible su estancia en nuestra ciudad durante un largo período, dado el gran conocimiento que desprende su bello e intrincado poema “Soledades”, del que el profesor Piñero se mostró tan abiertamente admirador que llegó incluso a recitar pasajes enteros de memoria.

En la fotografía, el profesor Piñero Torre, acompañado por Juan Gil y unas amigas [foto: (c) Pilar de los Reyes]

martes, 2 de agosto de 2011


LA CASA DEL GOBERNADOR VELARDE EN LA CALLE SAN JORGE

Salvador Daza Palacios

(Artículo publicado hacia 2002).

Habría que comenzar diciendo que, en el vigente PGOU de 1997, este inmueble aparece catalogado en la ficha correspondiente (nº B-90) con un nivel de protección “GLOBAL”. Responde a la tipología de “casa señorial” (prácticamente la única que queda en la calle San Jorge) con fachada de tipo “tradicional popular”. El nivel de protección prescrito por el PGOU indica que los elementos a conservar son los “espacios de acceso, el patio principal y los elementos de articulación espacial del edificio, así como las fachadas y crujías asociadas a las mismas”. Lo más destacable, no obstante, quizá sea la “afección singular” que dicha casa presenta con el Monumento catalogado con el nº A-19, que no es otro que la iglesia y convento de Regina Celi, declarado Bien de Interés Cultural. Cualquier obra que se proyecte sobre esta casa deberá tener en cuenta este “Entorno BIC”. Nuestra intención pues, no es otra, que rescatar la memoria olvidada de un edificio a través del cual se puede recorrer prácticamente la historia de la ciudad. Y ya que su situación actual es lamentable, no estaría de más que el Ayuntamiento exigiera a sus propietarios actuales o futuros de exquisita rehabilitación, en respeto y concordancia con sus propias leyes y normativas urbanísticas. La memoria del asesinado gobernador Velarde y la de sus muchos y celebres moradores así lo exigen.

En la documentación municipal aparecen datos sobre la casa desde 1548, cuando Diego de Castro reconoció un censo perpetuo sobre ella, en beneficio del convento de San Jerónimo. Algunos años después, en 1561, las hermanas Isabel y Leonor Beedor (o Behedosa) hipotecaron esta casa situada “en la Rivera de esta ciudad” a través de una operación que hicieron con Pedro de Tarifa y que tenía como beneficiario el convento de monjas de Regina. Pedro de Tarifa y su mujer, Elvira de Consistorio, se convirtieron después en propietarios del inmueble y, y al ser repartida su herencia, la casa le toco a Pedro del Castillo en 1586 con la condición de abonar cinco ducados de renta “a los pobres (del Hospital de la Misericordia”, que administraban los hermanos de San Juan de Dios. Posteriormente, en 1597, Isabel de Guisas, que instituyó un Patronato administrado por el regidor Pedro de Flores, había hipotecado esta finca para pagar determinados tributos al convento de Regina. Uno de ellos serán correspondientes a las “nueve misas de aguilando” que se debían rezar en la iglesia de dicho convento por el alma de la fundadora. Se instituyeron sobre la casa igualmente, diferentes memorias de misas cuyos beneficiarios serían el Santuario de la Caridad y el convento de San Francisco.

Después aparece como propietario Alonso Núñez, que traspasa la casa a Fernando García Mateos y Constaza de Castilla en 1660. Hasta 1689 el inmueble pertenece a Tomás de la Peña y en 1707 estaba en arrendamiento. En este año los débitos de la casa con sus acreedores el convento de San Juan de Dios, San Jerónimo, Regina y el Santuario de la Caridad – ascendía a 44.846 maravedíes. Desde este año, la vida de la casa se complicará enormemente, pues a estas insoportables deudas que gravarán a sus propietarios, se unirá la triste circunstancia – de gran importancia histórica para nuestra ciudad – de haber sido el escenario del cruento disparo que el agustino fray Alonso Díaz realizó el 8 de julio de 1714 sobre el gobernador Jacinto Alonso Velarde, que murió en la misma casa, a consecuencia del tiro, una semana más tarde.

A esta casa se había mudado pocos años antes el infortunado Velarde cuando el duque de Medina Sidonia le obligó a desalojar el Palacio Ducal en el que vivía. Tras la muerte de Velarde la casa quedaría cerrada hasta que, en 1715, salió a publica subasta y la adquirió Juan Caballero de la Cueva. Un misterioso personaje que aparece también como testigo en la causa criminal contra fray Alonso Díaz (todo ello puede comprobarse largamente en el libro Proceso criminal contra fray Alonso Díaz, publicado por la Universidad de Sevilla en 2000, y del que soy autor junto con María Regla Prieto).

Las deudas que pesaban sobre la casa se hicieron insoportables y el pleito ejecutivo que los conventos tenían abierto contra la finca, duró más de diez años. Mientras, la casa había pertenecido también el capitán Francisco Ramos de Harana y también sirvió de morada a Domingo Aldunsi, un capitán que había pujado por ella, pero que no pagó a sus acreedores y todos se querellaron contra él hasta hacerle desalojar la casa por la fuerza, cumpliendo la sentencia de desahucio que los jueces reales habían pronunciado.

Finalmente, en 1735, las casas “se remataron” en don Juan Gutiérrez de Henestrosa, perteneciente a una influyente familia sanluqueña, que ya tenía otros inmuebles en la misma calle.

Todo ello adobado con una gran cantidad de discusiones y polémicas, que generaron un grueso y dilatado pleito, pues hubo que tasar la casa en más de cuatro ocasiones y por diferentes maestros de obras y de carpintería. Como dato curioso, ofreceremos una de esas tasaciones: el 12 de junio de 1734 se valoró en 40.125 reales (22.865 en lo tocante a la albañilería y 17.260 por el valor de su carpintería).

Gutierrez de Henestrosa compró la casa en subasta por 33.438 reales, pero hubo de hacerse cargó de todos sus débitos religiosos. Además, se encontraba en estado tan ruinoso que hubo que gastar más de lo que le había costado – exactamente 45.555 reales – en repararla, tanto de carpintería y albañilería como de herrería y forja. Según el presupuesto desglosado que se incluye en la documentación, el inmueble conservado en al actualidad procedería de esta última reparación, que en la descripción que se hace de la finca coinciden muchas características aún existentes.

Gutiérrez de Henestrosa llegó a ser regidor municipal y en 1715 vendió la casa extrajudicialmente a Juan José Endrinas, escribano público de la ciudad, que la reservó para regalársela cuando falleciese a su sobrino llamado también Juan José Endrinas, con la condición de que estudiase para sacerdote. Así lo hizo éste, y en 1791 heredó la casa por muerte de su tío.

Durante la ocupación napoleónica, hacia fines de Junio de 1811 esta casa sirvió como oficina municipal, ya que estaba situada dentro de la cerca que se construyó para proteger a la ciudad. Según las actas municipales, el inmueble era de don Estanislao Mendigutía, que figura entonces como director de la casa de matanza.

Sobre 1814 murió el clérigo Endrinas y dejó sus bienes a su sobrina María Dolores Aguilar Endrinas, casada con Juan José Trillo y a su “asistenta” Vicenta Mendigutia, “de estado honesto”. Ya por esta fecha la casa aparece numerada con el nº 333 por el azulejo municipal correspondiente situado en su fachada.

Sobre 1824 parece que los González Peña ya eran propietarios de la finca. Estos fueron los padres del celebre Manuel González Ángel, “genio mercantil” que fundó las célebres bodegas “González Byass” de Jerez y que había nacido en 1812 en una casa más modesta del actual Carril de los Ángeles (allí se situó una placa conmemorativa en 1933). Esta familia parece que echa raíces en la casa y es de suponer que son los ascendientes del célebre artillero González Hontoria, nacido en la misma, según consta en la lápida conmemorativa ubicada en la fachada y que inauguró hace algunos años el alcalde Manuel Vital.